La Afecciones Digestivas las dividiremos en,Estomacales (gástricas),e Intestinales.

 

  •  Afecciones Digestivas Estomacales van a depender de la cualidad de las secreciones de cada estómago en particular, así como del efecto que en esa peculiaridad gástrica de cada cual va a ocasionar la condición química de los alimentos que acostumbremos a tomar en nuestra dieta diaria.
  • Afecciones Digestivas Intestinales van a depender de la capacidad dinámica de nuestro intestino, así como de los modos de la secreción de la vesícula biliar.  En todo lo cual va a influir especialmente el predominio de intervención de ciertas sales minerales, como las de sodio y de magnesio, y el modo de preparar los alimentos.

 

Con una abundante secreción gástrica (hiperclorhidria),

 

Aseguramos una rápida digestión y un buen metabolismo de las proteínas. Pero estaremos dados a padecer Afecciones Digestivas como úlceras gástricas o duodenales si nos excedemos en sal o en azúcar. Si no tomamos suficientes alimentos ricos en calcio (no sirve el calcio químico añadido a los preparados alimentarios, ni el extraído del moler ostras, cartílagos o análogos). Estos no son asimilables y tienden a producir obstrucciones renales.

 

Con deficiente secreción gástrica (hipoclorhidria).

 

Nuestro estómago hará torpemente las digestiones, tardando los alimentos en abandonar el estómago. Así, estaremos dados a recurrir a sustancias de ayuda digestiva si no adecuamos nuestra alimentación a tal condición gástrica. Los alimentos más inapropiados serán los ricos en proteínas, (los grasos y las féculas).

Para esta última condición gástrica, es fundamental que no falte un mínimo de tono de la sal a los alimentos. Para que se vea estimulada la digestión y evitemos afecciones digestivas por contra, los alimentos o sustancias picantes generalmente ricos en azufre.

Tenderán a debilitar aún más esa condición gástrica y hacernos recurrir al uso de ácidos externos. Como por ejemplo el vinagre, de fuerte incidencia negativa en el sistema óseo.

El sistema nervioso y en algunas glándulas como las genitales (ovarios especialmente) y el tiroides.

Este mismo hábito de ingerir picantes o análogos (ajos crudos, cebolla cruda, rábanos, etc.)… Puede llegar a debilitar la función gástrica en estómagos de mucha secreción, y hacernos creer que es de débil función.

 

Afecciones Digestivas por hipoclorhidrias (deficiente digestión proteica).

 

Esteremos dados a padecer de dolencias reumáticas (articulares, óseas y gota) y sus derivados, e incluso afecciones dentarias tales como la piorrea y las simples caries, por la incidencia del ácido úrico en ello.

 

Si adecuamos los modos y la cualidad de la alimentación a una u otra forma de la condición gástrica, no tenemos por qué afectarnos negativamente en nada de nuestro organismo. Pero si tendemos a empeñarnos en comer de todo y de una forma estándar y no aplicada en orden y forma a nuestra condición fisiológica, la cadena de alteraciones podrá llegar a ser amplia.

Por otra parte, la energía gástrica refleja la condición de nuestra tendencia de vida emocional. Si nos faltan estímulos para dar vida a nuestro mundo emocional, nuestro estómago rondará de cerca la anorexia (falta de apetito y lentitud digestiva). Si, al contrario, buscamos vivir intensamente el mundo emocional, haremos llegar al estómago buena cantidad de alimentos.

Los achaques emocionales prenden en el estómago (centro canalizador de la energía emocional del individuo). Y según sean aquellos creando Afecciones Digestivas, así estaremos dados a recurrir a los diferentes tipos de alimentos para tratar de paliar el modo de afectarnos en lo emocional.

Siendo esto la base principal de dislocación de nuestras necesidades y procesos digestivos. Pues no solemos comprender aquellos achaques emocionales en su implicación orgánico-estomacal y cómo la condición química de los alimentos viene a influir en esas afecciones psíquicas.

 

Los problemas y Afecciones Digestivas del Intestino.

 

Van a estar muy en consonancia también con la no adecuación entre capacidades de aquel y las cualidades de los alimentos. Y en esto cobrará importancia el tamaño del intestino de cada cual.

En lo intestinal, como en todo, a mayor volumen de los órganos, menor capacidad funcional, con lo cual, si unimos a unos intestinos grandes (serán de torpe asimilación).

Una deficiente estimulación mecánica del mismo (relativa al avance del bolo alimenticio).  Por incorrecta forma de preparación de los alimentos (freírlos por ejemplo), o alimentos tendentes a compactarse por falta de fibras, iremos dando lugar a uno de los modos más negativos de las Afecciones Digestivas Intestinal: todo lo derivado del estreñimiento.

Si en ese lento o incompleto proceso de asimilación de los alimentos que ingerimos, unimos el que éstos sean de rápida y amplia putrefacción. Nos hallaremos en la posibilidad de originar focos de emanación de sustancias y toxinas que ataquen la propia mucosa intestinal.

Comprometan la integridad de la glándula Apéndice Vermiforme y sobrecarguen los canales y ganglios linfáticos, con las consiguientes afecciones del resto del organismo por lo que de todo ello pasa a la sangre y a los conductos linfáticos.

 

Los intestinos tienen como función la asimilación de todo aquello que llega a nuestro interior (en todos los niveles del ser). La cualidad nutricional que hagamos llegar a él, hablará de la condición de todos los factores con que alimentamos nuestra personalidad.

 

Sus estados de estancamiento expresan nuestra tendencia psíquica a mantener en nosotros lo caduco, impropio de nuestra condición evolutiva. La toxicidad que demos lugar en él, hará de soporte físico de miedos e incongruencias de nuestro proceder humano.

La glándula encargada de proteger esas toxicidades e incongruencias psico-orgánicas, es el Apéndice Vermiforme.  Tan despreciado de valoración como la propia falta de atención que solemos prestar a nuestras negatividades emocionales de los niveles de la mente, con las que convivimos sin remilgo alguno.

Cuando tanto solemos afectarnos al ver cucarachas y ratas, análogos externos de lo que tiende a existir en un medio celular de estancamientos y putrefacciones.

A este respecto, debemos saber que todo lo que es absorbido por los capilares venosos y linfáticos, es transportado luego hacia el corazón y los pulmones, con la consiguiente afectación de las estructuras celulares internas de estos dos órganos capitales.

La ingestión de sustancias antibióticas (naturales o de laboratorio). 

 

Tienden a neutralizar la acción tanto de los microorganismos concebidos como patógenos. Como de las bacterias que posibilitan los procesos metabólicos nutricionales, pudiendo ocasionarse con aquellas sustancias una neutralización importante y peligrosa de la capacidad de digestión-asimilación nutricional, comprometiendo la vitalidad del individuo.

Cuando mencionamos la expresión (muy manipulada, por cierto, por la industria alimentaria) de sustancias cancerígenas.  No debemos pensar sólo en aquello que es contrario a la condición orgánica, como por ejemplo la nicotina y el alquitrán. Sino, en todo aquello que produce ahogo en la respiración y nutrición celular, y en lo que tiende a dificultar el tránsito intestinal. Donde podríamos incluir varios de los alimentos de uso frecuente, como quesos, frituras, embutidos y muchos de los preparados sólidos artificiales.

E igualmente las sustancias que “rompen” la condición orgánica de las células, como el alcohol, los antibióticos y determinadas sustancias químicas. (ciertas drogas y medicamentos). Estructuraciones orgánicas degradadas en las que posteriormente se asentarán las sustancias linfoides corrosivas que deambulen por el torrente linfático.

Padeceremos Afecciones Digestivas a base de gases, tanto intestinales como estomacales, cuando interrumpamos la digestión al ingerir cualquier cosa entre comidas. Especialmente si nuestro estómago es de torpeza funcional (hipoclorhidria), aún más cuando comemos alimentos picantes.

También, tendremos un vientre lleno de gases cuando nuestra vesícula biliar ande en mal estado.

Puede ocurrir el que nuestros intestinos (todas las funciones gastrointestinales) se paren, si nos quedamos con una tasa de sodio demasiado baja. Entonces, podremos llegar a padecer fuertes dolores en el vientre (lo originan los gases), imposibilidad de evacuar tanto los sólidos como los gases (estomacales e intestinales), e incluso no poder orinar.

Cosa la cual nos haga pensar que tenemos algún mal importante en ellos, relacionado con el apéndice o con el peritoneo o con el páncreas o con alguna de las glándulas sexuales.

Con esto no quiero decir que no pudiera ser por algún otro motivo diferente a los mencionados, pero que lo más fácil es que sea por esa causa del sodio, basado en criterios de negatividades de la sal en la dieta diaria.

 

 

Rafael Labhat
Graduado en Naturopatía y Trofólogo.
Experto en: 
o Naturopatía Funcional con Sales de Schüssler. 
o Homeopatía y Reflexología. 
o Microbiología Láctica Intestinal.
Autor del libro “Como mejorar la salud de tus huesos”, Ediciones Natural, Madrid 2010

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